A veces es tiempo de andar nuevos caminos, de repensar las cosas, los hechos, las palabras. Me había mentido a mi misma haciéndome creer que esto jamás volvería a suceder. Que serían insuficientes las voces, que serían vacías las miradas, que no existirían más esas sensaciones.
Y de repente me encuentro, de vuelta a la carga, de vuelta lejos tuyo, de vuelta con muchas ganas. Y no es que dejo de quererte pero no estás entorpeciéndome la mirada, ni tapándome los oídos ni poniéndome tu mano en la boca para que yo no pueda hablar. Ya no estás en lo primero del día y en lo último que queda de la noche. No espero tu llegada con esa música tranquilizadora para mi alma, no siento que llegas y destruyes el mundo, mi mundo. Simplemente estás.
Y ya no siento que me sea imposible estar lejos tuyo, te extraño, es verdad, pero no te necesito. Y eso me hace dar cuenta que siempre tuve estas alas pero jamás miré para atrás para verlas, jamás intenté volar. Me quejaba de estar presa de algo de lo que no pretendía escapar. Pero hoy puedo verlo.
Y en la frialdad de mi alma, de mi forma de ser tan desinteresada me acariciaron la mano y sentí que me tocaban, lo sentí. Sentí esas cosas que hace tiempo ya que no podes darme, sentí eso que no creí necesitar. Puede que esta noche salga a mirar la ciudad y sentarme en el balcón a mirar la inmensidad de esta tormenta agitada y no piense en vos cada segundo.
Es inevitable para mí desearte la felicidad completa, pero nunca lo entendiste.
Siempre estuve atrás tuyo juntando los restos que vos mismo te arrancabas a cada paso, cada día, a cada segundo, tratando de arreglar tu vida, tu felicidad, la de cada persona que se cruza a mi alrededor, pero nunca la mía.
Y lo sé, y reflexiono que esa piel sigue siendo ajena, que no es como la tuya, todavía no. Que no hay palabra que alguien pudiera decirme que yo no deseara que saliera de tu boca. Se que en un rato estaré acostada pensando qué estarás haciendo, cómo estarás, pero me siento diferente, a cada segundo te siento diferente.
Y aunque sigas ocupando el primer lugar, se está yendo tu magia. Se está yendo tu poder para hacer conmigo lo que quieras, tu capacidad de pronunciar las dos palabras justas para que yo deje todo por vos. Estoy empezando a ser quien siempre fui, otra vez. Una persona con muchos sentimientos, pero muy racional.
Pero todavía se confunden, la que solía ser y la que todavía soy, porque aunque sin magia, sigo sintiendo mi sueño entremezclado con el tuyo y sigo viéndole formas a esa masa de recuerdos que me dejaste entre las manos.
Y es tiempo, es tiempo ahora de que alguien viniera a liberarme de todas esas cosas en las que yo misma me he encerrado. Es una esperanza nada mas, que absorbo en esta noche que se puso tan fría, quizás sea vano el intento, pero será un intento al fin.
Debo reconocer que lo has hecho fácil, por caminar siempre en la vereda de enfrente, por privarme de un abrazo, de una caricia. Por la ausencia que triplicaba tu recuerdo, pero que siempre careció de sensaciones.
Y habrá ahora que reconstruir cada mañana, acostumbrarme al vacío de la música ausente, de la piel distinta, de la voz diferente, de la mirada perdida. Ojalá no duela sostenerle la mirada, la que tanto te esquivo para decirte que aún te quiero, ojalá pueda pronto decírselo, sin miedos, sin pensarlo, sin la agonía del rechazo. Ojalá pueda acompañar ese abrazo con otro nombre, y que no se termine.
Y te repito, no es que dejo de quererte, no dejo de extrañarte, pero ya no destruyes mi mundo cuando llegas, simplemente estás. Que esto no sea la falsía de otro sueño. Eso pido.
Y de repente me encuentro, de vuelta a la carga, de vuelta lejos tuyo, de vuelta con muchas ganas. Y no es que dejo de quererte pero no estás entorpeciéndome la mirada, ni tapándome los oídos ni poniéndome tu mano en la boca para que yo no pueda hablar. Ya no estás en lo primero del día y en lo último que queda de la noche. No espero tu llegada con esa música tranquilizadora para mi alma, no siento que llegas y destruyes el mundo, mi mundo. Simplemente estás.
Y ya no siento que me sea imposible estar lejos tuyo, te extraño, es verdad, pero no te necesito. Y eso me hace dar cuenta que siempre tuve estas alas pero jamás miré para atrás para verlas, jamás intenté volar. Me quejaba de estar presa de algo de lo que no pretendía escapar. Pero hoy puedo verlo.
Y en la frialdad de mi alma, de mi forma de ser tan desinteresada me acariciaron la mano y sentí que me tocaban, lo sentí. Sentí esas cosas que hace tiempo ya que no podes darme, sentí eso que no creí necesitar. Puede que esta noche salga a mirar la ciudad y sentarme en el balcón a mirar la inmensidad de esta tormenta agitada y no piense en vos cada segundo.
Es inevitable para mí desearte la felicidad completa, pero nunca lo entendiste.
Siempre estuve atrás tuyo juntando los restos que vos mismo te arrancabas a cada paso, cada día, a cada segundo, tratando de arreglar tu vida, tu felicidad, la de cada persona que se cruza a mi alrededor, pero nunca la mía.
Y lo sé, y reflexiono que esa piel sigue siendo ajena, que no es como la tuya, todavía no. Que no hay palabra que alguien pudiera decirme que yo no deseara que saliera de tu boca. Se que en un rato estaré acostada pensando qué estarás haciendo, cómo estarás, pero me siento diferente, a cada segundo te siento diferente.
Y aunque sigas ocupando el primer lugar, se está yendo tu magia. Se está yendo tu poder para hacer conmigo lo que quieras, tu capacidad de pronunciar las dos palabras justas para que yo deje todo por vos. Estoy empezando a ser quien siempre fui, otra vez. Una persona con muchos sentimientos, pero muy racional.
Pero todavía se confunden, la que solía ser y la que todavía soy, porque aunque sin magia, sigo sintiendo mi sueño entremezclado con el tuyo y sigo viéndole formas a esa masa de recuerdos que me dejaste entre las manos.
Y es tiempo, es tiempo ahora de que alguien viniera a liberarme de todas esas cosas en las que yo misma me he encerrado. Es una esperanza nada mas, que absorbo en esta noche que se puso tan fría, quizás sea vano el intento, pero será un intento al fin.
Debo reconocer que lo has hecho fácil, por caminar siempre en la vereda de enfrente, por privarme de un abrazo, de una caricia. Por la ausencia que triplicaba tu recuerdo, pero que siempre careció de sensaciones.
Y habrá ahora que reconstruir cada mañana, acostumbrarme al vacío de la música ausente, de la piel distinta, de la voz diferente, de la mirada perdida. Ojalá no duela sostenerle la mirada, la que tanto te esquivo para decirte que aún te quiero, ojalá pueda pronto decírselo, sin miedos, sin pensarlo, sin la agonía del rechazo. Ojalá pueda acompañar ese abrazo con otro nombre, y que no se termine.
Y te repito, no es que dejo de quererte, no dejo de extrañarte, pero ya no destruyes mi mundo cuando llegas, simplemente estás. Que esto no sea la falsía de otro sueño. Eso pido.
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