"Ninguna relación termina bien, porque en ese caso no terminaría."
Silvina se quería morir. Javier la había dejado y ella no tenía consuelo. Se engañaba a sí misma diciendo que lo único que quería era hablar con él para que le diera una explicación de "por qué" la había dejado.
Ella había sido la novia perfecta y quería saber en qué había fallado. Me costó mucho convencerla de que ella no quería una explicación de los motivos que la llevaron a tomar esa decisión, sino estar cerca, no perder contacto, tratar de convencerlo y finalmente volver con él.
El pibe no la quería ver ni dibujada. Era de esos que se ponen de novios con otro y a la ex novia le agarran fobia.
Silvina se sentía una loser total. No creía en la posibilidad de olvidarlo. Estaba convencida de que su sufrimiento sería eterno si no lograba su objetivo. En el ínterin salió con dos o tres pibes que no le interesaron mucho que digamos. Una ida al cine, alguna cena, un par de besos y les daba salida. Estas experiencias parecían empeorar las cosas porque reafirmaban su creencia de que Javier era único e irreemplazable y que jamás podría superar su alejamiento.
Al tiempo Andrés llegó a su vida. Con él empezó una relación tranquila, sin mucho entusiasmo, pero con el correr de los meses y sin darse cuenta, dejó de sufrir por Javier. Había encontrado por fin la solución a su problema.
Aproximadamente al año y dos meses de noviazgo, el dulce Andrés se vuelve medio arisco, medio peleador, ya no la llama con la frecuencia con la que lo hacía antes y no arrojaba un "te quiero" ni a palos. Como respuesta a la presión de Silvina para revertir esa situación, Andrés decide terminar.
Otra vez el mundo se derrumbaba.
Pero esta vez era peor, porque al dolor por no tener a su novio al lado se le sumaba otro pensamiento: "Soy una mujer desafortunada. Todos los que de verdad me importan me dejan, por lo que estoy condenada al fracaso".
El noviazgo es una empresa con muy pocas probabilidades de éxito.
Las opciones de finalización de una relación de novios son tres: los dejamos, nos dejan o nos casamos.
Algunas veces escucharemos que luego de cortar un noviazgo una de las partes dice "fue mutuo".
Nunca es mutuo. Jamás una pareja dice al unísono un, dos, tres... ¡cortamos!
Siempre hay uno que toma la decisión y otro que acata porque no le queda otra.
Y para engañarse más profundamente encima dicen "terminamos bien". Ninguna pareja "termina bien" porque en ese caso no terminaría.
Puede suceder que nos pongamos de novia con un chico que después de un tiempo no nos convence del todo, del cual no estamos enamoradas y al que por ende terminamos abandonando. OK, no vamos a detenernos en este caso porque la verdad es que mucho no nos interesa. El problema viene cuando nos enganchamos con un flaco del cual nos enamoramos como locas y al que consideramos una joya irreemplazable e indispensable para la vida.
Luego de un tiempo de noviazgo con el señor en cuestión sólo puede suceder alguna de estas dos cosas: que nos deje o que nos casemos, dado que por motivos obvios, la opción de dejarlo queda anulada. Podemos decir entonces que ese noviazgo será exitoso sólo cuando desemboque en un matrimonio. Algunos más modernos podrán decir que también puede terminar en una convivencia,
pero en este último caso, por más que a los hombres les guste que los llamemos "mi marido", siguen siendo nuestros "novios". Novios con los cuales convivimos, pero novios al fin. Y ese noviazgo con convivencia también suele terminar en una ruptura.
Las mujeres cometemos el error de pensar que tenemos mala suerte, que somos unas desdichadas, que cada vez que nos enamoramos nos terminan dejando, que estamos destinadas a sufrir por amor. Sucede que cuando nos enamoramos de verdad las probabilidades de que eso ocurra son grandes.
Todos las mujeres tenemos "muchos" novios para llegar a "un" matrimonio, por lo que las posibilidades de que terminemos sufriendo por ese chico porque nos dejó son realmente altas.
La primera vez que sufrimos un fuerte desengaño amoroso tenemos que saber tres cosas: que lo vamos a superar, que nos puede volver a pasar y que vamos a volver a superarlo.
Silvina se quería morir. Javier la había dejado y ella no tenía consuelo. Se engañaba a sí misma diciendo que lo único que quería era hablar con él para que le diera una explicación de "por qué" la había dejado.
Ella había sido la novia perfecta y quería saber en qué había fallado. Me costó mucho convencerla de que ella no quería una explicación de los motivos que la llevaron a tomar esa decisión, sino estar cerca, no perder contacto, tratar de convencerlo y finalmente volver con él.
El pibe no la quería ver ni dibujada. Era de esos que se ponen de novios con otro y a la ex novia le agarran fobia.
Silvina se sentía una loser total. No creía en la posibilidad de olvidarlo. Estaba convencida de que su sufrimiento sería eterno si no lograba su objetivo. En el ínterin salió con dos o tres pibes que no le interesaron mucho que digamos. Una ida al cine, alguna cena, un par de besos y les daba salida. Estas experiencias parecían empeorar las cosas porque reafirmaban su creencia de que Javier era único e irreemplazable y que jamás podría superar su alejamiento.
Al tiempo Andrés llegó a su vida. Con él empezó una relación tranquila, sin mucho entusiasmo, pero con el correr de los meses y sin darse cuenta, dejó de sufrir por Javier. Había encontrado por fin la solución a su problema.
Aproximadamente al año y dos meses de noviazgo, el dulce Andrés se vuelve medio arisco, medio peleador, ya no la llama con la frecuencia con la que lo hacía antes y no arrojaba un "te quiero" ni a palos. Como respuesta a la presión de Silvina para revertir esa situación, Andrés decide terminar.
Otra vez el mundo se derrumbaba.
Pero esta vez era peor, porque al dolor por no tener a su novio al lado se le sumaba otro pensamiento: "Soy una mujer desafortunada. Todos los que de verdad me importan me dejan, por lo que estoy condenada al fracaso".
El noviazgo es una empresa con muy pocas probabilidades de éxito.
Las opciones de finalización de una relación de novios son tres: los dejamos, nos dejan o nos casamos.
Algunas veces escucharemos que luego de cortar un noviazgo una de las partes dice "fue mutuo".
Nunca es mutuo. Jamás una pareja dice al unísono un, dos, tres... ¡cortamos!
Siempre hay uno que toma la decisión y otro que acata porque no le queda otra.
Y para engañarse más profundamente encima dicen "terminamos bien". Ninguna pareja "termina bien" porque en ese caso no terminaría.
Puede suceder que nos pongamos de novia con un chico que después de un tiempo no nos convence del todo, del cual no estamos enamoradas y al que por ende terminamos abandonando. OK, no vamos a detenernos en este caso porque la verdad es que mucho no nos interesa. El problema viene cuando nos enganchamos con un flaco del cual nos enamoramos como locas y al que consideramos una joya irreemplazable e indispensable para la vida.
Luego de un tiempo de noviazgo con el señor en cuestión sólo puede suceder alguna de estas dos cosas: que nos deje o que nos casemos, dado que por motivos obvios, la opción de dejarlo queda anulada. Podemos decir entonces que ese noviazgo será exitoso sólo cuando desemboque en un matrimonio. Algunos más modernos podrán decir que también puede terminar en una convivencia,
pero en este último caso, por más que a los hombres les guste que los llamemos "mi marido", siguen siendo nuestros "novios". Novios con los cuales convivimos, pero novios al fin. Y ese noviazgo con convivencia también suele terminar en una ruptura.
Las mujeres cometemos el error de pensar que tenemos mala suerte, que somos unas desdichadas, que cada vez que nos enamoramos nos terminan dejando, que estamos destinadas a sufrir por amor. Sucede que cuando nos enamoramos de verdad las probabilidades de que eso ocurra son grandes.
Todos las mujeres tenemos "muchos" novios para llegar a "un" matrimonio, por lo que las posibilidades de que terminemos sufriendo por ese chico porque nos dejó son realmente altas.
La primera vez que sufrimos un fuerte desengaño amoroso tenemos que saber tres cosas: que lo vamos a superar, que nos puede volver a pasar y que vamos a volver a superarlo.
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